Javier Echeverría propone el surgimiento de un llamado “Tercer entorno” (E3), distinto de los entornos natural y urbano (E1 y E2), proceso que ha sido posible por el gran desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Este nuevo espacio social de las interrelaciones humanas, del cual Internet es el exponente actual, tiene una estructura propia: no es presencial sino representacional, no es proximal, sin distal, no es sincrónico, sino multicrónico, y no se basa en recintos espaciales con interior, frontera y exterior, sino que depende de redes electrónicas cuyos nodos de interacción pueden estar diseminados por diversos países. De estas propiedades se derivan cambios importantes para las interrelaciones humanas, y en particular, para los procesos educativos.
En general, desde la educación le prestamos atención exclusiva a los nuevos artefactos tecnológicos. La emergencia del tercer entorno exige diseñar nuevas acciones educativas, que serán complementarias a las acciones que ya existen del primer y segundo entorno. Es decir, surgen con este espacio nuevos retos educativos; se debe atender no a los artefactos, sino a la necesidad de enseñar nuevas destrezas y habilidades para moverse en el nuevo espacio.
En el primer entorno, el natural, la educación es brindada por la familia, y el instrumento principal es la lengua materna. La escritura es el gran instrumento del segundo entorno, y la escuela el principal agente transmisor de las habilidades necesarias para moverse en el ámbito urbano, aunque también educa el Estado y la calle. En el tercer entorno todavía hay pocos escenarios diseñados específicamente para la educación. El gran desafío entonces, es crear estos espacios y sobre todo, capacitar a quienes los que educan en y para el E3. Para esto, hay que tener en cuenta lo que Echeverría llama distintos escenarios: para el estudio, para la investigación, para la docencia, para la interrelación y la diversión.
La “telescuela” que propone el autor tiene algunas características: los contenidos deben ser creados por expertos en las disciplinas, junto a diseñadores y especialistas en cine, música, multimedia en general. Se deben crear espacios para cada disciplina y adecuados a cada nivel o edad; es importante que los contenidos contemplen actividades para la casa como ver programas de televisión, jugar videojuegos educativos, a navegar páginas determinadas. Se debe enseñar destrezas para producir material multimedia y no solo para leerlo. Y se deben sobre todo enseñar a los teletutores o teleenseñantes, introduciendo nuevos materiales en las escuelas de magisterio.

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