
Un modelo para analizar propuestas comunicativas en las aplicaciones multimedia.
Gutierrez Martín (2003) propone un modelo de evaluación de propuestas con multimedia que se basa en el análisis de cinco dimensiones: técnica, estética, interactiva, didáctica e ideológica. Estas son interdependientes y no se excluyen, por lo tanto, habrá características que puedan incluirse en cualquiera de ellas. Lo importante es que esta metodología de análisis ayuda a ver cómo cada dimensión favorece u obstaculiza la interacción (relación usuario y sistema) y la comunicación multimedia (relación interpersonal mediada) y el aprendizaje.
La dimensión técnica alude sobre todo a la factibilidad de uso que tiene el programa para el profesor y el alumno: si es de fácil instalación, si no tiene grandes exigencias en cuanto a prestaciones del sistema y puede correr en cualquier computadora, si no da mensajes de error, etc. El potencial educativo de un programa aumenta cuando los usuarios sienten que pueden desplazarse fácilmente por él ya que esto los predispone a una relación positiva.
La dimensión estética tiene que ver con la presentación del programa: si es una agradable presentación, habrá más motivación por parte del usuario para su uso. Lo agradable tiene que ver con un buen impacto a la vista y a los oídos: colores bien combinados, música a tono con las actividades que se van desarrollando. En el esquema de interacción usuario- medio, la estética va a determinar los aspectos formales del mensaje: el tamaño y tipo de letra, la disposición de los textos, el colorido de los gráficos, la compatibilidad entre voces, sonidos e imágenes, todo ello puede facilitar la relación interactiva y redundar en beneficio de un buen aprendizaje.
En aquellas aplicaciones que están destinadas a la educación tienen que prevalecer los criterios instructivos y educativos (ausencia de distractores, secuenciación adecuada, claridad) sobre los estéticos aunque lo ideal es aunar criterios educativos con estéticos.
La dimensión interactiva es útil para analizar la relación que se establece entre el programa evaluado y los usuarios. En este sentido se pueden considerar tres aspectos básicos:
- Facilidad de navegación que tiene que ver con que el usuario pueda pasar de una pantalla a la otra y sepa en todo momento en qué parte del programa está, cómo ha llegado y cómo seguir.
- Cantidad y calidad de las opciones que el usuario tiene, si el sentido de la intervención es uni o bireccional, es decir, si el usuario es simple receptor, si es interlocutor o autor.
- Capacidad del programa para dar una respuesta adaptada a cada usuario: aquí hay que considerar si el programa, además de pedir información al usuario, tiene en cuenta las respuestas que éste da. A veces los programas almacenan en sus bases de datos información sobre lo que el usuario hace, qué lugares visita, qué ejercicios hace, si hay coherencia en sus respuestas, si hay progreso en su aprendizaje. Esto es útil para reparar errores, brindar información, etc.
La dimensión didáctica hace referencia a evaluar si realmente este programa genera aprendizaje en el alumno. Para ello, será importante atender a la calidad de los contenidos, a su organización, a qué elementos han sido seleccionados para transmitirlos, si hay una verdadera integración de lenguajes en pos del buen aprendizaje y no una simple amalgama de imágenes, sonidos y textos. Aprender con multimedia supone poner en juego operaciones mentales y competencias diferentes a aprender en un libro, habrá que analizar si estas operaciones mentales son estimuladas por el diseño y la organización didáctica de los contenidos.
También deberemos analizar si se explicitan bien los objetivos, si existen guías didácticas y facilitadores del aprendizaje (índices, ejercicios de comprensión y repaso, etc).
La dimensión ideológica se refiere a que cada programa tiene detrás una determinada concepción de aprendizaje y una ideología. Hay un modelo educativo, un modelo de sociedad incluso, que se puede ver más o menos claro, de acuerdo a cómo se presenten los contenidos. Esto es algo que se da en cualquier ámbito, también en la selección de un libro para apoyar sus clases los maestros están mostrando una ideología. Para analizar la dimensión ideológica (además de la concepción de interactividad, comunicación multimedia y aprendizaje que pueden llevar implícitas y transmitir), debemos ver qué representaciones y estereotipos hay presentes en sus contenidos. Ver qué representación de la sociedad, o de distintas sociedades, encierra el programa; cómo están representados distintos grupos sociales: las mujeres, la infancia, los hombres, los miembros de determinada profesión, etc. Tan importante como ver quiénes están representados y cómo, es comprobar quiénes no están representados cuando pudieran estarlo. También cuáles se presentan como valores, y cuáles como antivalores.
Bibliografía:
Gutierrez Martín, A. “Evaluación de la comunicación en las aplicaciones multimedia educativas”. Año 2003.
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Perfil
- Adela
- Córdoba, Córdoba, Argentina
- Consultora del Departamento de educación de OEA (sede Washington). Miembro del equipo de Coordinación de la red internacional de escuelas iEARN.
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Hoy por hoy el desafío es la innovación en la escuela y esta innovación parece venir de la mano de las llamadas Nuevas Tecnologías de la comunicación y la información. Desde las políticas públicas, hace muchos años se está en este camino, con muchos desaciertos, ya que múltiples esfuerzos económicos no han dado demasiados resultados. Después de años de acciones organizadas desde las autoridades, nos encontramos con unos pocos docentes pioneros en distintas escuelas, que luchan y se emocionan con sus logros y son premiados por sus esfuerzos y todo queda allí. Los que estamos en este camino nos encontramos frecuentemente en eventos relacionados al tema y compartimos nuestra pasión, mientras el resto observa, algunos con apatía, indiferencia, otros con temor, viendo amenazados sus tranquilos espacios de trabajo.
El enfoque ha ido cambiando: en un primer momento se invirtieron grandes cantidades de dinero en computadoras, que quedaron obsoletas sin que nadie aproveche su potencial educativo. Quedaron aisladas en una sala donde solo el profesor de informática se sentía cómodo. Luego se vio la necesidad de capacitar a los docentes para que se animaran a ingresar a ese espacio. Pocos fueron los que se animaron y con grandes resistencias, y no llegó a plasmarse más que en capacitación en algunas herramientas, las más sencillas, pero sin comprender demasiado cómo potenciar el aprendizaje del alumno a través de ellas.
Ya nadie duda que el cambio no puede partir de un solo elemento, sino que se debe abarcar todos las instancias de la institución: desde el director, un líder que, en primer lugar, tiene que estar convencido de que la innovación será positiva para su escuela, que debe comprometerse a organizar un proyecto coherente, y permitir a sus docentes capacitarse para llegar a buen puerto, en tiempos que no sean robados a su vida personal; hasta equipos actualizados, con programas de fácil acceso y múltiples posibilidades, una conexión a Internet óptima, absolutamente necesaria en este año 2010, para que nuestros alumnos reciban el conocimiento y las habilidades necesarias para manejarse en la vida, en un marco de trabajo donde tanto docentes como alumnos se sientan motivados, los alumnos a aprender y los docentes a enseñar, fundamento de la escuela que hoy, en nuestra escuela pública, aparece totalmente desdibujado.
Y si no lo creen, escuchen la novedad del momento: se permitirá a los alumnos llevarse tres materias…